En la fauna docente hay dos especies bien diferenciadas, los que conciben el examen como un juicio y los que piensan que es una oportunidad para enseñar . Para los primeros, el alumno es un sospechoso que tiene que probar que sabe; todos los recursos son válidos para poner en evidencia su ignorancia: preguntas capciosas, ejercicios arbitrarios, hipótesis laberínticas. Para los otros, el examen es una oportunidad para aprender, equivocarse y seguir aprendiendo; todo traspié es una excusa para retomar la discusión, desaprender y seguir construyendo saberes. Imagen: Pixabay Ahora bien, pese a las diferencias, hay un problema que ambas partes deben resolver por igual. Y no se trata de sospechar del alumno, sino de saber si estamos evaluando los saberes del estudiante o de alguien más . Copiar, plagiar o machetearse son algunos términos que tiene la jerga para referirse al acto de evadir el propósito de un examen. En el ámbito universitario le damos el nombre más pom...
por Enrique Ruiz Blanco